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Humana devoción

Lágrimas y sudor se mezclaron impudorosos en un acto de humana devoción

ANSIEDAD

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Sentada en mi pecho opresiva y voluptuosa, ríe la malvada ansiedad Codiciosa y abusiva la obscena ansiedad clava sus garras en mi tierna psique y satisfecha me mira con repulsiva glotonería Anidada en mi pecho  juega con mi corazón la inquietante ansiedad  y cual macabro infante lo estruja y lo libera a gusto, mientras el pobre músculo lucha cansado por respirar Infiltrada en mis pensamientos la inquebrantable ansiedad arma irreverente un maquiavélico rompecabezas  de caprichosas piezas, llenas de inquietantes (in)certezas y ponzoñosas falacias Y así, la codiciosa ansiedad cual clandestino súcubo se rejuvenece gozosa alimentada por mi energía vital Y yo, drenada y desquiciada, contemplo enajenada el espeso fluir del tiempo prestado desde una cárcel-espejo Y yo, ultrajada y olvidada, cual usurpada espectadora presencio impotente cómo la descarada ansiedad escenifica desvergonzada  el acto de mi vida

Fénix

Quiero: matar al ave que llevo en el pecho  Quiero: detener los viciosos aleteos de desesperado sufrimiento Quiero: silenciar el canto ahogado entre lamentos de hiriente belleza Quiero: arrancar las plumas que sangrantes escriben poemas sublimes  Quiero: romper las alas que vanidosas ostentan promesas de falsa libertad Quiero: no migrar más y encontrar un hogar de eterno descanso  paraíso terrenal  Quiero: dejar de existir como una simple ficción y comenzar a vivir  como un mito real  

De la naturaleza humana

Señor humano, ilustrado razonador, por favor ilumineme  ¿Acaso veo doble? O su moral se desdobla a su conveniencia  en miles de espejos  de empantanados reflejos Creo, querido señor, que sufre usted  de gravisímos síntomas  ¡oh, sí!, definitivamente  es un serio caso  de inconsencuntias severus  primero, usted crea una perfecta máscara que será su carta de presentación, luego, forja un solemne  y pomposo discurso  que será su tesis por defender  y, por último,  (el peor síntoma se manifiesta) usted, mi ilustre señor, realiza todo lo contrario  a lo defendido ante el estrado sin pena ni remordimiento  sino más bien  con descaro y desfachatez  y me atrevo a decir que incluso con maliciosa pulsión  Y ni me mire con esa cara  de falsa sorpresa  que me repugna tanta efervescencia  porque con sangre he retratado  todas la...

Bestial búsqueda

Las palabras se atoraron  en algún lugar entre las cuerdas  y el pantano de broca  Quería vomitarlas, quería parar las arcadas mentales  y el ácido corroyendo sus neuronas  Pero, lo que más quería era arrancarse de raíz aquellas voces, meter sus manos en su tráquea  y rascar esas malditas garrapatas productos enfermizos de su distorsionada mente  máquina herida de disfuncionales engranajes Primitivos impulsos  sacudieron a la criatura  y la llevaron a desgarrar su propia piel en busca de respuestas  Y con sus ojos de bestia herida,  y con sus ensangrentadas garras, marcaba cual infernales campanadas  preguntas de hierro caliente  en su curtido cuero  en una constelación de dolor  y sangriento placer  Con un trago amargo  las irrespondidas preguntas, hirientes como un peso muerto  cayeron pesadas como piedras  en el vientre de la bestia  Pero la persistente cr...

El Rey de las Ratas

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Corría la voz en la prisión de que un desquiciado no era parte del montón Así al menos decían Fulano y Sutano - Mirá, allá está el loco - Ah, el disque escritor -Pues hoy parece andar de buen cantar Y así, entre murmullos y miradas cargadas de juicios y valores, el desquiciado a su amada cantaba una dulce canción de cuna: - Arruru mi niña, arruru mi ángel Calla y duerme el sueño eterno mi dulce amante Ven y duerme aquí a mi ladito hazme compañía y mantenme calentito ¿Oyes eso, mi amada? ¿Escuchas acaso las susurrantes voces de las enlutadas paredes que alegres cantan enseñanzas de los sabios? Te voy a contar una historia para que duermas tranquila: Érase una vez un gran escritor que cuando no supo qué escribir se preguntó a sí mismo: ¿escribir o no escribir? y se dijo: he ahí el dilema Y las paredes miraban obscenas voyeristas con perversa curiosidad Y las rejas cantaban afinadas melodías sobre el é...

Palabrásitos

La palabra entró por sus ojos, se asentó en sus intestinos y se devolvió por su esófago  Cuando suspiró aliviado, pensando ilusamente que  por fin ya había vomitado la indeseable palabra, esta se anido calladamente en su cerebro como un parásito  Y así, solapadamente, comenzó a tejer una telaraña, lenta pero persistente, silenciosa pero letal,  paciente y maliciosa Y esperó ansiosa... Y esperó orgullosa... Y hambrienta de sufrimiento  sembró semillas de veneno Y en aquel día luminoso de fingida parsimonia atacó estratégicamente  Y la palabra explotó, cual pútridos fuegos artificiales  cual vísceras desparramadas  en la frágil masa encefálica  Y el pobre indefenso, paralizado por el veneno, murió ahogado por su propio silencio